martes, marzo 31, 2009

Continuar

Buenos días a todos.
Parece una constante en nuestro país volver a comenzar, lo hago hoy en mi humilde blog, en la certeza de saber que es mejor decir que quedarse callados. Intento configurar mejor toda su estructura, y relatar en forma amplia aspectos de la vida, entre ellos, los que padecemos todos los venezolanos, los que usted quiere, y los que no quiere; porque así estamos, estrepitosamente divididos. Los venezolanos somos seres distintos al resto de los americanos -y hablo de todos los habitantes del continente-, somos más mestizos que los otros -por fortuna-, no heredamos las tradicionales luchas de liberales y conservadores y así construimos un raro pensamiento igualitario en la desigualdad, algo que nos hacía sentir tal, ni más, ni menos; pero por sobre todas las cosas teníamos un altísimo sentido de la amistad.

Reunir voluntades, confluir, congregar, encontrarnos es un esfuerzo común de alentar nuestra amistad, es un esfuerzo político -parece mentira-, pero es que todo lo que se intente o haga POR, CON, SIN, o CONTRA el Estado, es una actitud política, la relación de los ciudadanos con el Estado, siempre será política, no tiene otra forma de ser, así usted no sea miembro de algunos de esos partidos que existen.

Encontrarnos en el aliento de amistad no es una tontería ridícula, como seguramente cualquiera tenga la virtud de pensar, y está en su derecho; ¡no!, algo tan simple, quizás insulso, tiene fundamento. El equilibrio democrático siempre ha dependido de la dinámica confluencia del inmenso segmento de moderación política que existe en nuestra ciudadanía. Que hoy está dividido, como todo, pero con toda seguridad la desenfrenada voracidad del que se cree propietario del país por construir el Estado Total, seguramente originará que algunas camisas rojas se queden en la orilla del camino, para ello hay que estimular o fortalecer los lazos con quien alguna vez fue tu amigo, o tu amiga. Intentalo.
¡Ahora bien!, de la aparente insulsa acción de volver a ser amigos, definitivamente hay que fortalecer cualquier comienzo con una propuesta novedosa de hacia dónde vamos, que estamos decididos a hacer por Venezuela. ello será motivo de otra coversación.
Nos vemos.

lunes, diciembre 31, 2007

Reto

Es una prueba muy importante para mí. He recibido el libro de cuentos "El ocaso de los superhéroes" de la estadounidense Deborah Eisenberg. Todo lo leído anuncia un descubrimiento maravilloso, primera vez que sigo su letra, pero había registrado comentarios sobre su creatividad, y coincido con el valor superlativo que otorgan a su letra.

Nos seguiremos viendo más a menudo, he decidido ponerle más atención a in-ten-to. Y generar la comunicación indispensable para darle la vida que necesita.

Nos vemos, y muchísima felicidad en el 2008.

miércoles, octubre 31, 2007

Nota.

Decidí eliminar mi blog de versos. Una persona autorizada me dijo que era basura y la creí. Supe que tenía razón y mandé todo eso al basurero. Sólo me queda in-ten-to, aquí voy a escribir lo que me de la gana, sin importarme nada más. Hasta la próxima.

martes, septiembre 25, 2007

Cómo andan mis cosas.

¡Muy mal!, ¡malísimas!, para ser exacto.
¡Qué les cuento! Sigo empeñado en leer a James Joyce, para romper una de las barreras creadas por la estupidez humana con su "Ulises", para poder autocalificarnos de leído, o con cierto orgullo inútil, de decirlo ante uno mismo. La vaina se ha convertido en algo como los primeros viajes a la luna, una lucha dramática y el suspenso crispante por colocar la banderita en el espinoso territorio de la intelectualidad. Por supuesto, constituye la explicación para complacer mi vanidad. Pero ahí voy, por el "[7]", los que han pasado por el libro, saben de que hablo.

Leo en uno de esos titulares de Yahoo sobre un evento mundial de gente que cree en OVNI.
De esas cosas que vemos con rareza y dejamos pasar; de golpe me puse a reflexionar sobre el hecho, y los que van, y lo que piensan, y hasta donde habra llegado su imaginación e investigación; cosas extrañas para un desentendido terricola como yo, que cree no perder el tiempo en esas cosas y siempre asegura que al hacerlo se la está devorando. ¡Pues no! La cosa es más complicada que lo que establece mi pensamiento primario -por no decir cavernario-. Entendamos una cosa, las personas que van a esos eventos, tienen años de continua investigación y recopilación de datos, han establecido una continuidad desde Roswell (1947) hasta hoy, y hasta cierto punto, abruma tanta evidencia.
Para un inberbe en la materia, como soy, mi lampiño conocimiento sólo entiende que si la mano pelúa del "imperialismo" trabaja con alguna intención y plan, es en fabricarnos el hábito de que eso es posible; porque si no, a qué se debe tanto empeño en presentarnos en películas a los extarterrestres, algunos amigables, otros aliens peligrosísimos, juzgue usted. Según los "hombres de negros" cualquier vecino de "La Mira" en Playa El Agua, en el insignificante planeta Tierra, puede ser un camuflado habitante del séptimo planeta de la "mancha ácida" del sistema intergaláctico sideral, ...y ¿quién puede decir que no? ¡Nadie!

martes, junio 12, 2007

Difuminado

—No soy yo. ¡Coño! No voy a morir, me siento bien—. Desperté en una trifulca con la muerte; recuperé la respiración sentado en el borde de la cama, mi sonrisa nerviosa se volvió tranquilidad. Sereno ya, incliné mi cuerpo para calzarme los zapatos, y mis pies ya no estaban, ¡se volatilizaron!, el efecto alcanzó mis rodillas; mi cuerpo se diluía sin remedio; la desintegración consumió mi boca, y sólo atiné a decir:

—¡Me jodí, bien jodido!

jueves, abril 26, 2007

Oscuridad




Reté a la oscuridad, y me fui a caminar sólo en la noche negra, caminé trechos muy largos por senderos de oscuridad infinita. Apenas era un niño y me propuse superar el miedo que da la noche. Vencerla era una tarea temeraria, distinta a la manía de llorar por necedades, que abandoné cuando mi padre dijo: “…los hombres no lloran.” Triunfé frente a la oscuridad, sentí que era hombre, valiente y orgulloso de mi hazaña. Y, ¡no le temo!
Muy pronto descubrí que la oscuridad genera un placer insustituible, es ideal para estar con una mujer; pero la vida es un aprendizaje, y el tiempo me enseñó que para vivir con una mujer, todo momento es ideal.
Supe una noche de luna que amo la luz, la claridad. Desde entonces vivo sólo; necesito llorar a la ausente, pero siento tajante la voz de mi padre.

martes, abril 24, 2007

UNO


En soledad abrumadora un hombre descalzado circunda un oscuro salón, lo guía la inercia de su pesada carga de recuerdos. Otro hombre lo mira, desde un portal vítreo de luz; es el único sitio que invita a superar la pétrea monotonía del salón, y desde afuera lo observa y se ríe. El hombre descalzado presiente que se ríe de su vanidad ahogada en miedos para asumir verdades, esos recuerdos que con pena viven en él, una soledad de tantos y de nadie. El hombre de la oscuridad mira, y en sus ojos escondidos en penumbra la risa del otro despierta curiosidad. El hombre del portal está allí por él, y siente que ese semblante de ultratumba le va a preguntar algo:

—¿Quien eres? —pregunta el hombre desde la oscuridad.

—¿No te das cuenta? —y el hombre del portal vuelve a reír.

—¡Claro! —contesta sin convicción; pero el hombre de la oscuridad piensa, parece perdido.

El descalzado de la oscuridad, para quien ya nada es extraño en la vida, lo asimiló con la cerviz en reverencia, casi sin inmutarse… solo sus ojos delatan la curiosa inquietud del instante, y quedó pensativo. Sus hábitos en la oscuridad, le han hecho experto en superar misterios y sorpresas. Entonces preguntó al de afuera:

— ¿Qué haces en esa silla? ¿Desnudo?

—¡Es sencillo!, ¡Yo soy tú vida simple! —dijo el de afuera con ironía, y antes que el hombre de la oscuridad pregunte algo inútil, le increpa—, en realidad estoy aquí por tener la seguridad de que puedes vencer esa pesada carga de miedos, de pasados; y creo que debes cruzar el umbral.

— ¿Cuál umbral? —Preguntó sorprendido el hombre de la oscuridad.

—No te das cuenta que este espacio donde me ves y hablas conmigo, es una puerta, tú salida a la realidad.¡La libertad! —dijo el hombre desnudo.

—¡Yo!, ¡cruzar! —respondió alarmado, pero sus ojos centelleaban de curiosidad.

—¡Si! ¡Lo puedes cruzar!, y superar el hábito endémico de evasiones circulares en esa oscuridad —dijo desde lo alto y con determinación el hombre desnudo.

—¡No hombre!, cruzar hasta allá, y perderlo todo, ¡siento miedo! Esto que anda conmigo es lo único que tiene mi vida, ¡la libertad es nada!, fuera de aquí no puede existir algo a que aferrarme —se ríe por primera vez, y habla fuerte, demuestra seguridad y confianza en su oscuridad.

Las carcajadas que fluyen del oscuro salón deslizan ironías; pero el hombre desnudo no está dispuesto a dejarse vencer por la convicción del hombre de la oscuridad en ese mundo de tristezas, y grita con determinación:

—¡Atrévete cobarde! ¡Deja esos miedos! si cruzas esta puerta, ¡no te puedo mentir!, es cierto que lo pierdes todo; pero sentirás el caminar ligero del que nada tiene, ese caminar sin pesos te permitirá encontrar nuevos pesos con prontitud, angustias nuevas; pero también, alegrías y felicidades que en la oscuridad de la vida no existen —no lo dejó responder y continúo hablando—. La oscuridad donde vives ni siquiera es un cuarto cerrado, si pudieras vencer tu carga y levantar la cerviz, podrías ver la luz.

¡Oye! —el hombre de la oscuridad interrumpió la conversación—. Si eso de afuera es tan esplendoroso, debes andarlo tú, ¿Por qué te molestas en llamar mi atención?

Con gesto de súplica, el hombre de vida simple dijo:

— No te das cuenta que yo, que estoy afuera también sufro… apreciaste mi desnudo en esta silla, pero no observaste que estoy atado a ella, y no me gusta. Te necesito, porque juntos somos defectos y virtudes —El hombre descalzado se detuvo en el surco profundo—. Has detenido tú andar en la oscuridad, en tú resignación, solo piensas que al estar atado, estoy en peor condición que tú; pero yo puedo ver el horizonte, su luminosidad. ¡Y quiero vivirlo todo!

El hombre de vida simple encajó su cabeza en el pecho, la derrota se reflejó en todo su ser. Y como en un ágil acto de prestidigitación, sus manos ya no estaban atadas, se encontró parado frente al luminoso horizonte; comenzó a caminar y sentía rezumar en sus ojos las primeras lágrimas.

Sintió que no debía volver la mirada; y dijo:

—Gracias.

—¡No! —contestó—. ¡Gracias a ti!

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